Posteado por: charradetas | julio 29, 2008

Tiburón – Sergio Algora


Hace unos dias me enteré que había muerto un personaje al que seguía en su blog.

El condenado escribía brutalmente bien, era de Zaragoza y de mi quinta. Compositor, poeta, escritor, musico … Lo que se dice un artista completo.

Nunca fui a su bar por temor a conocerle y que me decepcionara. Os pongo un relato suyo:

El sol se derramaba como zumo caliente en el mar de las Antillas. En aquella alejada cala donde Ruth se divertía con su pandilla se habían rodado algunas secuencias de películas de piratas debido a la espectacular belleza de sus playas.
Ruth se levantó y preguntó a sus amigos si alguno se quería dar un baño. Que no, le dijeron. Que todavía era temprano, le gritaron mientras se alejaba sobre la arena.
Juan la miró alejarse. Pensó en un animal tendido a la orilla de un lago, pensó en el vientre de Ruth, que le producía parálisis y pensó que era tan hermosa que seguro que Dios se volvía a hacer hombre para bajar a por ella. A Juan le encantaba esa idea porque en sus ensoñaciones le daba una paliza y le arrebataba la chica a Dios.
Cuando algún amigo ajeno a su pandilla le preguntaba por Ruth, Juan respondía:- ¿que quién es Ruth? Ruth es la chica que provocará la segunda venida.
La chica alcanzó enseguida la orilla y se zambulló en el mar. Juan la vio alejarse nadando con estilo y con aquellos brazos que él deseaba besar.

La mañana le parecía perfecta al mar, que permanecía extasiado en la contemplación de sus aguas y en los duros y brillantes muslos de Ruth. Con algunos movimientos, los pies de la chica le hacían cosquillas.
No sólo Juan y el mar de las Antillas habían reparado en la belleza de aquella reina.
– Por favor papá, estoy enamorado de ella. Vengo todos los días hasta aquí para verla nadar- dijo It a su padre.
– Tienes que olvidarla. No es de tu clase. Es una chica que está pasando sus vacaciones en las Antillas y tú tienes que hacer tu trabajo para ganarte la vida-. El padre de It tenía una fría profundidad en la mirada que ya hubiesen querido tener muchos asesinos en serie.
– Papá, es la chica más hermosa que he visto en mi vida. Sólo déjame acercarme a ella.
– Me gustaría decirte que puedes acercarte a ella, que la puedes acariciar porque ella te devolverá las caricias, que puedes ofrecerle tu boca porque ella seguro, te dará la suya. Pero la realidad es que se apartaría de ti. Si supieran lo que piensas, ella y todos sus amigos se reirían de ti, hijo mío.
– Papá estoy enamorado como nunca antes. Déjame intentarlo. Jamás te he desobedecido y sé que en la familia eres considerado el más inteligente. Pero dime por qué no puedo ni siquiera intentarlo.
– Mira It, la vida es un asco. El determinismo es feroz y nuestros sueños una farsa que nos ha dado el creador para consolarnos. Nuestra vida es muy dura y si no la comprendes, hay que masticar y volver a masticar para reducirla a sus más básicos nutrientes. Si no entiendes algo sólo tienes que masticar y volver a masticar hasta que en tu boca sólo quede la verdad, lo único cierto que hay en estas playas. Masticar y volver a masticar, la filosofía de nuestros antepasados. Nada se le resiste.- El padre de It vio a Ruth nadando cerca de ellos.- No sufras. Encontrarás una de tu clase que te quiera. Anda hijo, despídete de ella. Disfruta de tu último adiós.

It apretó los dientes y buceó a gran velocidad hasta ella. Su padre se alejó para dar a su hijo mayor intimidad.
La chica se sintió desestabilizada cuando It, de mucho más pesó que ella, pasó a su lado. Perdió el ritmo de las brazadas y se hundió un poco en el mar. Allí It se encontró por última vez con los verdes ojos de Ruth que expresaron al verlo un pánico que él no comprendió.
Mi padre tiene razón, pensó y se abalanzó sobre ella con la velocidad y fiereza de un tiburón. La primera dentellada le arrancó un brazo, uno de los brazos que Juan soñaba besar. La doble hilera de dientes del joven tiburón resultó letal en la segunda dentellada y Ruth se partió en dos como una muñeca de carne y hueso, despedazada por un niño cruel.

Juan se levantó de su toalla y oteó el mar preocupado. Había perdido la visión de la chica de repente.
– ¡Tiburones! ¡Tiburones!- comenzó a gritar angustiado.

Sergio Algora
Blog de S.Algora

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Realmente una pena no poder disfrutar mas de tus escritos.

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Responses

  1. Una pena, desde luego. Pero no creo que el quier allá donde está que nadie sienta compasión de él.

  2. Compasion ? No, no creo que quiera eso. Bueno, en realidad no lo se pero da igual.Yo creo que no está en ningun sitio … que triste es no tener fe 😦

  3. no sé lo que pasará cuando uno se va pero… estoy segura de que su energía se queda por aquí.Un relato estremecedor

  4. Por supuesto, Elisa, siempre quedará un sitio para sus canciones, sus relatos y las anécdotas que la gente contaba en su blog, muchas por lo que he visto.De alguna forma sigue ahí su energía.

  5. No te hubiera decepcionado, no lo conocía demasiado pero si lo veía amenudo y era un buen tipo.


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